Historia/mito de Hefesto

Laura Cabrera Guerrero
Historia del Arte
Hefesto (Vulcano para la mitología romana) es Hijo de Hera, quien lo concibió por sí sola en rebeldía o furia a Zeus, que diera origen a Atenea de la frente de su cabeza. Rechazado e incluso expulsado del Olimpo por su madre producto de su apariencia y condición física, quien lo empuja al vacío y, tras varios días en caída libre, golpea contra un punto de la superficie oceánica de la Tierra, estigmatizado por siempre como feo y cojo. Toma venganza de Hera, aprisionándola a un trono, y la recompensa por liberarla es la mano de Afrodita, cuya belleza atraería numerosos amantes, ubicando una enigmática aventura con Hades, que en uno de sus encuentros son expuestos in fraganti por el propio Hefesto. Se torna un inigualable forjador e inventor, cuya inteligencia crea poderosas armas y artefactos, como la égida y los rayos de Zeus, el casco de Hades capaz de tornarlo invisible, el arco y flechas de Eros o el escudo de Aquiles, destacando su capacidad por dominar el fuego, y de este modo se caracteriza su figura divina, como dios de la metalurgia, las erupciones volcánicas, y el fuego. Este párrafo resume los pensamientos más aceptados y estudiados, si bien existen otras versiones a ciertos hechos que repasamos a continuación, así como una descripción más profunda. Imagen por One.

Versiones del nacimiento de Hefesto y las controversias con Atenea

En un principio se afirmaba que Hefesto era fruto de la unión entre Zeus y Hera, los reyes del Olimpo (la morada de los dioses), sin embargo, luego se estableció y consolidó la lectura de la obra Teogonía de Hesíodo, según la cual Hefesto nació de la diosa Hera, que quiso engendrar un primogénito por cuenta propia, celosa tras el nacimiento de la diosa Atenea, que surgió de la cabeza de Zeus.

“Y él, de su cabeza, dio a luz a Atenea
de ojos glaucos, terrible, belicosa, conductora de ejércitos, invencible y augusta, a la que
encantan los tumultos, guerras y batallas. Hera dio a luz, sin trato amoroso -estaba
furiosa y enfadada con su esposo-, a Hefesto, que destaca entre todos los descendientes
de Urano por la destreza de sus manos”.
Teagonía, Hesíodo.

En el mismo orden, existe la versión basada en las Odas Olímpicas de Píndaro (Oda VII), de que la llegada de Atenea partiría de un hachazo en la cabeza de Zeus dado por Hefesto (con un arma de su propia creación), a pedido del dios del trueno para acabar con un fuerte dolor que asociaba con Metis, su primera esposa, a quien, literalmente, tragó luego de convertirla en una mosca ante la amenaza de una visión de Gea, respecto de que una procreación entre ambos produciría un ser más poderoso que su padre y que lo destronaría, recordando que Zeus lideró y venció la guerra contra su padre Cronos.

“Bañó con nieve de oro aquel terreno,
Del espantoso trueno
El Numen soberano,
Cuando partió Hefesto
Su alta cabeza, con segur luciente.
Por la profunda herida,
De armadura vestida
Salió Atenea de la augusta frente;
Y el que lanzó al nacer, grito de guerra,
Hizo temblar los cielos y la tierra”.
Oda VII, Píndaro, (de la traducción de Ignacio Montes de Oca, 1883)

Iconografía

Una serie de características concretas ayudan prácticamente siempre a reconocer a las distintas divinidades. En el caso de Hefesto, es común que aparezca representado con barba, y excesivamente musculoso por su continuo esfuerzo manual. En las manos es probable que sostenga un martillo, un hacha, o incluso unas tenazas. En ocasiones se le representa deforme y feo, para remarcar las lamentables cualidades físicas con las que nació.

Tirado del Olimpo y dos versiones que se encuentran en Lemnos

Las cosas no fueron tan bien como la diosa del matrimonio esperaba, pues al nacer Hefesto, Hera vio con horror que su hijo era un bebé pequeño y feo, incluso deforme. Asqueada por el aspecto de este, lo lanzó hacia la tierra desde el Olimpo, con rabia. La vida del pobre Hefesto empezó con una larga caída, y desde una altura demasiado alta… Hefesto se precipitó al vacío y tardó quien sabe cuánto tiempo hasta impactar contra el suelo. Tal vez fuera un dios, pero una caída como esa no era indiferente para nadie.

Tras su tortuoso viaje, Hefesto fue a parar a la isla de Lemnos, rescatado y criado por las Nereidas (ninfas del mar) y allí aprendió a forjar el metal, realizando toda clase de objetos, algunos verdaderamente complejos.

En otra versión, en la Iliada de Homero, Hefesto consuela a su madre luego de una discusión con Zeus, quien lo toma de uno de sus pies y lo tira del Olimpo, haciéndolo rodar a lo largo de un día hasta caer en Lemnos, rescatado por los sinties, reconocidos por sus habilidades con el metal.

“Ya intenté defenderte una vez y, agarrándome entonces
por un pie, me lanzó desde nuestros umbrales divinos.
Todo el día rodé y a la puesta del sol caí en Lemnos.
Poca vida quedábame ya, pero entonces los sintios
recogiéronme al cabo tan pronto como hube caído”.
Iliada, de Homero, (de la traducción de Fernando Gutiérrez, 1953).

Las fabricaciones de Hefesto eran de todo menos ordinarias, era capaz de fabricar artefactos verdaderamente útiles, preciosas armas, lujosos ornamentos, incluso artilugios mágicos. Durante todo este proceso de aprendizaje y fabricación, Hefesto reparó en algo extraordinario: su inmunidad al fuego, no lo quemaba. Esta cualidad lo convirtió en el mejor en su oficio.

Venganza de Hefesto: el trono que secuestra a Hera y la mano de Afrodita

El dios era conocedor de sus orígenes, y algo en su interior le hacía desear regresar al Olimpo, el hogar que por derecho le correspondía. Resentido con su madre, decidió vengarse.

En aquel lugar divino, Hera estaba a punto de celebrar su matrimonio con Zeus, y entre los presentes de boda, había un precioso trono dorado que conquistó a la diosa. Pero al sentarse en él, ese trono pareció cobrar vida, y dejó a Hera inmovilizada, atrapada en el asiento.

Ese trono lo había fabricado Hefesto con sus propias manos, para castigarla. Nadie, ni siquiera el mismísimo Zeus, conseguía liberarla. El rey de los dioses, desesperado, ofreció la mano de Afrodita a aquél que fuera capaz de sacar a Hera de ese embrujo. En el fondo pensaban que Ares, dios de la Guerra y amante de la diosa del amor, sería capaz de ayudarla, pues poseía una fuerza asombrosa. Pero fue entonces cuando apareció Hefesto en escena, y sólo con el roce de sus dedos en el trono mágico, Hera fue libre, y su hijo consiguió a Afrodita, la más bella de las diosas.

El mito de la infidelidad de Afrodita con Ares expuesta por Hefesto

Afrodita era la diosa más bella, y, por lo tanto, su matrimonio con Hefesto resultaba inverosímil. La diosa tenía muchos amantes, pero Ares era el más especial, y tenían muchos encuentros a espaldas de Hefesto.

Un día, Apolo, dios del sol, la música y la poesía, informó al dios del engaño, y Hefesto, traicionado por lo que más quería, su propia mujer, también quiso vengarse. De nuevo fabricó un objeto mágico, se trataba de una red que pese a parecer fina y ligera, en realidad la había realizado con oro macizo, y atrapó a Ares y Afrodita mientras yacían juntos en la cama. Como Hera y el episodio del trono, estos estaban completamente atrapados, no había manera de escapar de la improvisada pero resistente prisión a la que Hefesto los había sometido.

Para mayor humillación de la adúltera pareja, el entonces resentido dios del fuego llamó al resto de los dioses para que vieran la escena, causando todo un revuelo en el Monte Olimpo.

Personalidad: un dios práctico y bondadoso

A pesar del episodio del trono, Hefesto no tenía ningún tipo de maldad, él era muy consciente de su aspecto y del desagrado que generaba, pero siempre era amable y altruista con los demás, su temperamento era más bien pacífico, y los otros dioses lo valoraban especialmente por lo afanoso que era con su trabajo, siempre ejemplar. Incluso su madre acabó aceptándolo tal y como era, orgullosa de la astucia de su hijo.

Fabricó muchos objetos para el resto de dioses que habitaban el Olimpo, muchos regalos para su querida Afrodita, y objetos en su mayor parte mágicos que concebimos como esenciales para ciertos dioses, como por ejemplo el carcaj y las flechas del dios Eros (o Cupido en romano), dios del amor, que disparaba para influir enamoramiento o rechazo a su antojo. También, fue obra de Hefesto el carro del dios sol, Helios, un mágico carro dorado que, tirado por sus corceles, surcaba cada día los cielos para así traer la luz del día. No todo eran regalos para los dioses, Hefesto fue responsable de forjar las armas para el semidiós y legendario Aquiles, que luchó contra Troya y el príncipe Héctor tras la muerte de su amado Patroclo.

Le concedieron un gran valle entre las montañas, lugar más que espacioso para que instalara allí su forja, su taller, que sería el más grande del mundo. Hefesto escogió a los cíclopes, criaturas gigantescas con un solo ojo en la frente, como sus ayudantes. Estos eran conocidos como los mejores artesanos, y podían enseñarle a Hefesto aún más cosas de las que él sabía. Fueron estas criaturas las que fabricaron primeramente los rayos de Zeus, el arma mortífera del rey de los dioses, con las que fulminaba a los mortales lanzándolas desde el Olimpo.

Y así, pese a algunos contratiempos en los inicios de su existencia, Hefesto acabó viviendo en el Olimpo, siendo un dios respetado, y el patrón de los mortales, con algunos de los trabajos más duros que existían: escultores, artesanos, aquellos que trabajaban con los metales y, por supuesto, los herreros.


Autora

Escrito por Laura Cabrera Guerrero para la Edición #11 de Enciclopedia Asigna, en 02/2014. Laura es estudiante avanzada en la carrera de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona. Aficionada a leer y escribir sobre la historia, el arte, la mitología, la música y la literatura.