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Historia/mito de Cupido

A instancias de la mitología romana, que es el conjunto de leyendas y mitos pertenecientes a la antigua civilización romana, Cupido, fue erigido como el dios del deseo amoroso y por tal razón es que en la cultura popular de aquellos años, e incluso hasta el día de hoy, se lo considera el dios del amor y su sola mención implica este fabuloso sentimiento que experimentamos las personas.

Dios del amor en la mitología romana

El amor está considerado como el sentimiento más positivo e importante que podemos experimentar las personas; todos, sin excepciones lo hemos sentido alguna vez en la vida.

Consiste en el sentir de un gran afecto e inclinación por alguien, por el cual se es capaz de dar todo, incluso en muchos casos la vida.

Normalmente el amor está vinculado a lo romántico, al amor que se puede tener por una pareja, sin embargo, el amor no se reduce a las relaciones amorosas ni mucho menos y ese sentimiento existe entre padres e hijos, entre hermanos, amigos, entre otros.

Entonces, dada esa tremenda importancia para la vida del ser humano no podía faltar este sentimiento a instancias de la mitología, que se ha ocupado, en sus diversos formatos, de las cuestiones asociadas a los seres humanos.

Y a Cupido, justamente le tocó ser el representante e ícono romano del amor.
Su equivalente en la mitología, del cual por supuesto tomó muchas características fue Eros.

Orígenes y ascendencia

Pero volvamos a Cupido, es hijo de Venus y de Marte, diosa del amor, la fertilidad y la belleza, y dios de la guerra, respectivamente.

Se cree que el nacimiento de Cupido fue en Chipre y apenas nació su madre tuvo que ocultarlo de los oscuros designios de Júpiter en el bosque y fueron las fieras las encargadas de cuidarlo y amamantarlo.

De su madre heredaría la belleza y de su padre el coraje.

Representación

Tradicionalmente, se lo ha representado como un niño con alas en su espalda, con los ojos vendados y armado con un arco y flechas que transporta en una aljaba.

Esta representación no es caprichosa ni mucho menos y está asociada a varias creencias como ser: que el amor es como un niño pequeño porque frecuentemente comete errores, las alas indican la rapidez con la que el amor se disipa y la venda en los ojos tiene la misión de indicar que cuando se está enamorado no se ven los defectos de quien se ama.

Vale mencionarse que el equipo de arco y flecha es usado por Cupido a la hora de unir o desunir a los individuos.

La leyenda dice que cuando usaba las flechas con punta de oro concedía amor, mientras que cuando empleaba las que tenían punta de plomo provocaba el olvido.

Nadie, ni siquiera sus propios padres, eran inmunes a la acción de las flechas que Cupido dirigía certeramente a los corazones.

La contracara de Cupido era su hermano Anteros, dios del amor correspondido y de la pasión.

Como indicáramos líneas arriba, la leyenda de Cupido se mantuvo viva y presente a través de los siglos y por ello hoy se lo indica como uno de los símbolos del amor junto con otros, como ser el corazón rojo.

Su culto vigente en la actualidad

Incluso en la actualidad, su imagen es altamente explotada a instancias de celebraciones como la de San Valentín, popularmente conocida como el día de los enamorados, y que se celebra anualmente cada 14 de febrero.

En esa fecha los novios, parejas, cónyuges, festejan su amor haciéndose regalos y celebrando con una cena romántica, por ejemplo.

En tanto, los negocios que comercializan regalos para este día suelen usar la imagen icónica de Cupido para promocionar las compras.

También es habitual que se use el nombre de Cupido y su accionar para expresar simbólicamente cuando se está enamorado de alguien.

Así es que solemos escuchar o expresar que tal o cual nos flechó a primera vista, esta expresión popular alude justamente a la acción llevada a cabo por Cupido para unir a las parejas sentimentalmente.

Como consecuencia de su popularidad, Cupido, no solamente ha sido explotado en celebraciones como San Valentín, sino también su imagen ha aparecido en infinidad de historias de ficción, siempre, por supuesto, respetando su misión originaria, flechar a las personas para que se enamoren y comiencen una relación sentimental.

Escrito por Editorial para la Edición #4 de Enciclopedia Asigna, en 07/2013.