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Definición de Vasallaje historia, y características

Mercedes Roch
Lic. en Historia

El vasallaje fue una institución propia del feudalismo europeo que tuvo lugar desde el siglo IX hasta el siglo XV. El mismo implicaba una relación de dependencia mutua que se conformaba entre los miembros de la nobleza. Mediante dicho vínculo, el señor otorgaba protección y un feudo a su vasallo, mientras que el vasallo se comprometía a ser fiel a su señor. Se trató de una de las instituciones más importantes del período feudal, ya que a partir de la misma se desarrolló una red de relaciones de compromisos mutuos que permitieron el correcto funcionamiento del sistema.

Historia

El origen de las relaciones de vasallaje se encuentra en la expansión del Imperio Carolingio que aconteció durante el siglo IX. En ese contexto, los generales del ejército se aseguraban la fidelidad de sus soldados brindándoles parte de las tierras conquistadas. Asimismo, el emperador dividía sus territorios en porciones más pequeñas y las otorgaba a duques, condes y marqueses con el objetivo de salvaguardar las fronteras del imperio de forma precisa y efectiva. En ambos casos, las tierras eran proveídas con sus habitantes por lo que también se otorgaba jurisdicción sobre las mismas.

A partir de la disolución del Imperio carolingio, en el año 843, las relaciones vasalláticas se condensaron ya que la posesión de tierras se volvió hereditaria y los señores perdieron la capacidad de apartar a los vasallos de sus feudos. De esta forma, el contrato mutuo se vio tergiversado y en ocasiones el vasallo se volvió más poderoso que su señor.

La institución del vasallaje entró en crisis a partir del siglo XV con el ascenso de las monarquías absolutas que centralizaron las relaciones de poder bajo su potestad. Asimismo, fue de vital importancia la mayor preponderancia de las burguesías en las ciudades, las cuales poseían poder económico sin necesidad de responder a las relaciones de vasallaje.

Características

El vasajalle constituía una relación contractual que se establecía entre dos personas libres: el señor y el vasallo. Este contrato generaba tanto obligaciones como derechos que eran mutuos. Por un lado, el señor otorgaba al vasallo tanto protección militar como una porción de tierras para su usufructo junto con jurisdicción sobre la misma. Por otro lado, el vasallo juraba fidelidad a su señor y se comprometía a responder a su llamado cuando lo necesitara, ya sea con auxilio militar o económico, consejos, asuntos administrativos, entre otros. Asimismo, el señor cobrara un tributo de parte de lo producido por los siervos de su vasallo. En caso de incumplimiento, se entendía que el vínculo podía anularse, aunque con el paulatino aumento de poder de los vasallos, la relación entre ambos se tornó política y se volvió más difícil disolver dicho pacto.

La relación vasallática entre un señor y su vasallo iniciaba con un acto ritual que generalmente se llevaba a cabo en el castillo. En el mismo se repetía un mismo discurso por ambas partes por el cual el vasallo juraba fidelidad al señor besando su mano y el señor aceptaba dicha lealtad pronunciando unas palabras. A posteriori se realizaba la investidura. Mediante la misma, el señor le otorgaba elementos simbólicos que representaban los beneficios que recibiría el vasallo. Así, normalmente se daba un puñado de tierra y una espada, aunque en ocasiones también podía otorgar un anillo o una moneda.

A partir de lo mencionado, podemos señalar que, a diferencia de la relación que tenían el siervo y su señor, el vasallaje implicaba un vínculo de consenso en que ambas partes asumían sus obligaciones y se otorgaban derechos entre sí. En otras palabras, se trataba más bien de un pacto de colaboración entre los miembros de la nobleza.

Finalmente, es de destacar que el vasallo también podía convertirse en señor de otros vasallos. De tal forma, se asistía a la conformación de redes de relaciones vasalláticas en cuya cima se ubicaba el emperador, luego los reyes, a continuación la alta nobleza (que incluía a los duques, condes y marqueses los cuales poseían grandes extensiones de tierra), luego la nobleza intermedia (cuyas tierras tenían el tamaño de comarcas y ya no respondían al rey sino a su propio señor), y finalmente la baja nobleza (tales como los barones, caballeros e hidalgos cuyas propiedades tenían el tamaño de aldeas).

Referencias bibliográficas

Bloch, M. (1988). “La sociedad feudal”. Madrid: Akal.

Autora

Escrito por Mercedes Roch para la Edición #122 de Enciclopedia Asigna, en 03/2023. Mercedes es Profesora y Licenciada en Historia, egresada de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Maestranda en Estudios Culturales Latinoamericanos. Autora de Primeras (Editorial Malisia).