Definición de Neoclasicismo diferencias, y ámbitos

Laura Cabrera Guerrero
Historia del Arte

El Neoclasicismo es una corriente artística del siglo XVIII. Su cometido principal es la contención, ya que, después de la teatralidad y el dramatismo barroco o la banalidad del Rococó, los artistas quieren recuperar de nuevo el mundo clásico, pero esta vez de manera diferente, más fiel y digna.

Se llevan a cabo las primeras expediciones arqueológicas, y estas serán determinantes para el arte, porque se hacen importantes descubrimientos en Pompeya y Herculano, antiguas ciudades romanas que quedaron sepultadas tras la erupción del Monte Vesubio, en el año 79 d.C. Sus casas y objetos fueron descubiertos bajo la ceniza, que hizo de capa protectora, y por eso se conservan muchos elementos, además de pinturas, que han ayudado a conocer mejor el entorno de los antiguos romanos.

Con esta idea de recuperación del arte clásico, el centro cultural vuelve a Italia, a su capital, a Roma, que brilla más que nunca por su pasado (tanto el antiguo arte romano como el Renacimiento) y su prometedor futuro.

Queda atrás tanta exageración barroca y tanto ornamento, todo aquello parece ya fuera de lugar, cargante e incluso frívolo en lo que al Rococó respecta. Se recupera el arte clásico siguiendo una mayor sencillez, con acciones muy contenidas y orden y equilibrio en las composiciones. Todo es sinónimo de razón, de lógica.

A diferencia de la corriente artística posterior (Romanticismo), durante el Neoclasicismo aquello que triunfa es la razón, el lado más racional del ser humano, y no la emoción, esta deberá estar extremadamente contenida.

Pese a no ser un movimiento especialmente extenso, el Neoclasicismo se desarrolló con éxito en las tres grandes disciplinas artísticas: arquitectura, escultura y pintura.

En primer lugar, con la arquitectura, es muy sencillo distinguir un edificio de estilo neoclásico. Todos ellos se basan en el mismo ideal, el de la pureza de las líneas, la simetría es de una gran importancia. Se logra una belleza serena y sencilla, con grandes reminiscencias al mundo griego y romano por la utilización de elementos como columnas de orden dórico o jónico, cúpulas, etc.

Sin embargo, había una consideración errónea acerca de los templos griegos que no se descubrió hasta años más tarde, en época neoclásica desconocían que los antiguos templos, en su época original, eran policromados, los pintaban con colores muy vivos: rojo, azul, amarillo…pero después de tantos siglos, y sin avances tecnológicos suficientes, la sociedad del XIII – XIX veía únicamente edificios austeros de piedra o mármol, y esa armonía blanca y brillante les generaba una sensación de pureza y austeridad.

Este período, al estar tan interesado en la parte más intelectual y racional del individuo, supuso una época de esplendor para la construcción de diversos edificios relacionados con la idea de mejorar la sociedad y su educación: museos, teatros, bibliotecas, colegios, hospitales…

Todos ellos debían ser, por encima de todo, funcionales.

En cuanto a la escultura, ocurre lo mismo: los referentes que adoptan son las obras griegas y romanas, pero no las del período helenístico, con mayor carga dramática. Como el deseo es evitar una excesiva emoción, se fijan en esculturas anteriores, con menos dinamismo, expresiones más bien cautelosas y, al igual que en los edificios, el mayor equilibrio posible. En el campo escultórico neoclásico, destacan dos artistas: Bertel Thorvaldsen (1770 – 1844), de origen danés, y Antonio Canova (1757 – 1822), italiano, y eso que eran muy diferentes. Mientras Thorvaldsen era más frío y creaba obras muy calculadas y contenidas, en Canova vemos una mayor delicadeza en las figuras, especialmente las femeninas.

La Eros y Psique de Canova (1793) en el Museo del Louvre (París) es probablemente una de las obras más célebres del artista. La sutileza y el detallismo en la composición hacen de ella un grupo escultórico neoclásico fantástico.

Por último, la pintura es el capítulo neoclásico que tiende a atraernos más. Los pintores de la época lo tuvieron más difícil que los escultores, porque prácticamente no tenían modelos de la Antigüedad, ya que, por desgracia, la pintura es un arte mucho más efímero y delicado, que no siempre sobrevive al paso del tiempo. Por ello, la pintura neoclásica, en un principio, estaba muy influenciada por la escultura, aunque fue evolucionando.

Siempre predominaba la línea del dibujo sobre el color, con una gama cromática sencilla, de colores primarios, y los temas favoritos eran los mitológicos e históricos, siempre con una intención moralizante.

Los artistas más importantes en esta disciplina fueron dos franceses: Auguste- Dominique Ingres, y el más destacado: Jacques-Louis David. Este último fue el artista neoclásico por excelencia, vivió en una época muy complicada, donde Francia sufrió toda una serie de transiciones, pero David supo adaptarse muy bien a estas circunstancias, desde apoyar la Revolución Francesa a convertirse en el pintor favorito del mismísimo Napoleón Bonaparte, que no dudó en contratarlo al comprobar su talento.

En La intervención de las Sabinas (1799, Museo del Louvre) de David se evidencia una gran excepción. El artista ha dejado atrás la calma y la razón en esta obra, con mayor carga dramática que la mayoría que se hacían por el momento. No sólo refleja el gran talento de David, sino también su capacidad de cambio.


Autora

Escrito por Laura Cabrera Guerrero para la Edición #134 de Enciclopedia Asigna, en 03/2024. Laura es estudiante avanzada en la carrera de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona. Aficionada a leer y escribir sobre la historia, el arte, la mitología, la música y la literatura.