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Orígenes
Nació en la ciudad de Ur, Caldea, una de las más prósperas e influyentes del sur mesopotámico, ubicada sobre el río Éufrates. Fue hijo de Tare y descendiente de Sem.
No existen precisiones temporales sobre cada uno de los eventos que se le atribuyeron en el Génesis, sin embargo, ello, no afectó su influencia y la creencia en su historia.
Junto a su padre y el resto de la familia se asentó en Harán, una ciudad ubicada en la Mesopotamia septentrional, y ruta comercial muy difundida desde la Antigua Babilonia.
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El elegido: pacto abrahámico
Recibió el llamado de Dios para que deje la casa de su padre y se dirija a la tierra que él le mostraría. Le prometió hacer de él y con él una nación grande. Lo bendeciría y engrandecería su nombre si cumplía efectivamente con los postulados que le iría proponiendo.
Lo animó a establecerse en Canaán. La tierra propia, la construcción de una gran nación sobre su base, y la promesa de bendición, constituyeron lo que se conoció como pacto abrahámico. Su característica sobresaliente fue su obediencia a Dios. Aceptó con fe y renuncia todo cuanto Dios le pidió.
Las condiciones de hambruna lo llevaron a dejar Canaán y dirigirse a Egipto, donde fue rechazado y expulsado porque había escogido como esposa a su hermana.
Regresó a Canaán y mantuvo una serie de disputas con su sobrino Lot. Se alejó de él y retomó la vida nómade.
Rescató a Lot que fue tomado como prisionero por el rey.
Dios le prometió que tendría un hijo varón con Sara y renovaron la alianza inicial. La pareja modificó sus nombres por los de Abraham y Sara.
Se estableció el rito de la circuncisión.
Dios le anticipó la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra por la depravación que caracterizó a sus habitantes. A pesar de que intentó lograr un arreglo que hizo con Dios, que, si encontraba en estas ciudades 10 hombres justos, Dios, desistiría de su intención de destruirlas, no lo consiguió, y finalmente Dios avanzó con su decisión.
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Frondosa descendencia: una promesa
Nació su hijo Ismael, fruto de una relación con una esclava egipcia. Tenía 86 años.
A los pocos años, llegó el ansiado hijo de Sara: Isaac.
Vale indicarse que, Sara, padeció durante largos años la imposibilidad de concebir.
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Sacrificio de su hijo
Dios probó su fidelidad y le exigió que asesine a su hijo Isaac. Al apreciar que lo haría sin dudarlo, lo detuvo, y renovaron nuevamente la alianza.
Justo cuando iba darle muerte, un ángel, intercedió y se lo impidió, diciéndole que no extienda su mano contra el niño porque Dios ya había obtenido la certeza del temor que le tenía al aceptar el tremendo desafío de matar a su hijo tan deseado y esperado. Sin duda alguna era un gran sacrificio porque había tardado años en concebirlo junto a Sara.
La recompensa fue la promesa de una próspera y numerosa descendencia.
Cabe destacarse que, la historia de Abraham está atravesada por la constante suscripción de pactos y alianzas con Dios, que reforzaron y afirmaron la decisión de Dios de elegirlo padre de su pueblo.
Cuando murió Sara volvió a unirse con Queturá y tuvo seis hijos más.
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El “premio” de la longevidad
Falleció a la longeva edad de 175 años y fue enterrado junto a su esposa Sara en la gruta de Macpelá (actual territorio de Hebrón).
Todo lo que se sabe sobre él nos lo ha contado el libro del Génesis de la Biblia.
Autora
Escrito por F. M. U, para la Edición #115 de Enciclopedia.NET, en 08/2022. F. M. U, es Lic. en Comunicación y Profesora