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Nació en la ciudad de Taipéi, Taiwán. Es el menor de los dos hijos del matrimonio conformado por Huang Hsing-tai, un ingeniero químico que se desempeñaba en una refinería de petróleo, y Lo Tsai-hsiu, una maestra de escuela. La familia se mudaba con frecuencia y eran hablantes nativos del hokkien taiwanés. Su madre, con notable dedicación, seleccionaba diariamente diez palabras al azar del diccionario para enseñarles inglés a sus hijos.
A los cinco años la familia se trasladó a Tailandia para acompañar la carrera profesional del padre en el sector petrolero y permaneció allí durante aproximadamente cuatro años. Asistió al colegio internacional Ruamrudee en Bangkok.
A los nueve años, sus padres, preocupados por la creciente inestabilidad social en Tailandia, decidieron enviar a Jensen y a su hermano mayor a vivir con un tío en la ciudad de Tacoma, en el estado de Washington, en Estados Unidos. El tío, inmigrante reciente y desconocedor del sistema educativo norteamericano, los inscribió en el Instituto Bautista de Oneida, en el estado de Kentucky, creyendo que se trataba de un prestigioso internado. En realidad, era una escuela de reforma para jóvenes con problemas de conducta.
Para costear la matrícula, los padres vendieron prácticamente todas sus pertenencias. Con tan solo nueve años, Jensen era el alumno más joven del establecimiento. Su compañero de habitación era un adolescente de diecisiete años, analfabeto y cubierto de cicatrices de cuchillo. Cada estudiante tenía asignada una tarea obligatoria y a él le tocó limpiar los baños diariamente, mientras que su hermano trabajaba en una granja tabacalera cercana.
El ambiente era hostil: la mayoría de los alumnos fumaba, portaban navajas y los actos de intimidación eran moneda corriente. Jensen, un niño pequeño, asiático, con un inglés precario y un acento marcado, se convirtió en blanco frecuente del acoso escolar. No obstante, lejos de quebrarse, desarrolló una extraordinaria ética de trabajo y una resiliencia que lo acompañaría el resto de su vida. Aprendió a jugar al tenis de mesa, se incorporó al equipo de natación e incluso le enseñó a leer a su compañero de cuarto a cambio de que este le enseñara a levantar pesas.
Dos años después de la llegada de los hermanos a Kentucky, los padres lograron emigrar a Estados Unidos y la familia se instaló en la localidad de Beaverton, cerca de Portland, en el estado de Oregón. Los hermanos dejaron la escuela de reforma y se reunieron con sus padres.
Jensen ingresó en la escuela secundaria Aloha, en Oregón, donde brilló académicamente y se destacó también en lo deportivo. Saltó dos grados y se graduó a los dieciséis años. Se convirtió en un jugador de tenis de mesa de nivel nacional, alcanzando el tercer puesto en dobles juveniles del Campeonato Abierto de Estados Unidos a los quince años.
A los quince años obtuvo su primer empleo en un restaurante de la cadena Denny’s, donde se desempeñó lavando platos, como ayudante de camarero y luego como mozo, cumpliendo turnos nocturnos. Aquel restaurante, que en su momento representó la necesidad de ganarse el sustento, reaparecería años más tarde como el escenario donde nacería su gran empresa.
Se graduó con los más altos honores en ingeniería eléctrica en la Universidad Estatal de Oregón. En las aulas de esa institución conoció a quien se convertiría en su esposa: Lori Mills, una de las apenas tres mujeres en una clase de doscientos cincuenta estudiantes de ingeniería. Él tenía diecisiete años y ella diecinueve cuando se conocieron. Se acercó con una propuesta singular: le ofreció mostrarle su tarea y le prometió que si estudiaban juntos todos los domingos, obtendría las mejores calificaciones. Aquellas citas de estudio dominicales se transformaron en el inicio de una relación que perdura hasta el día de hoy.
Le confesó a Lori que se convertiría en director ejecutivo de una empresa antes de cumplir los treinta años, una promesa que cumpliría al pie de la letra.
Se casó con Lori. Juntos tuvieron dos hijos: Spencer y Madison. Ambos trabajan actualmente en NVIDIA; Spencer como gerente de producto y Madison como directora de marketing.
Tras graduarse, se incorporó como diseñador de microprocesadores en la empresa Advanced Micro Devices (AMD), donde adquirió una valiosa experiencia en el diseño y testeo de microchips. Luego pasó a trabajar en LSI Logic, otra firma fabricante de semiconductores. Paralelamente, cursó estudios de posgrado nocturnos en la Universidad de Stanford.
Obtuvo su maestría en ingeniería eléctrica en la prestigiosa Universidad de Stanford. Para ese entonces, ya acumulaba varios años de experiencia práctica en el diseño de microprocesadores en Silicon Valley y su visión sobre el futuro del procesamiento gráfico comenzaba a tomar forma concreta.
Fundó NVIDIA junto a sus colegas ingenieros Chris Malachowsky y Curtis Priem. La reunión fundacional tuvo lugar, paradójicamente, en una sucursal de Denny’s en las afueras de San José, el mismo restaurante de comida rápida donde había trabajado lavando platos en su adolescencia. Arrancaron con un capital de apenas 40.000 dólares y la firme convicción de que los gráficos tridimensionales transformarían la computación personal.
El nombre NVIDIA derivó de la palabra latina invidia, que significa envidia. A pesar de ser el más joven de los tres fundadores, con tan solo treinta años, Malachowsky y Priem lo eligieron para liderar la empresa como director ejecutivo. Poco después obtuvieron una inversión inicial de 20 millones de dólares de la firma de capital de riesgo Sequoia Capital, lo que les permitió sobrevivir a unos primeros años sumamente difíciles.
El propio Huang reconoció posteriormente que la compañía tenía aproximadamente cero por ciento de probabilidades de éxito al momento de su fundación y que si hubiese dimensionado el sufrimiento que implicaba construirla, probablemente no lo habría hecho.
NVIDIA lanzó al mercado su primer producto, el NV1, un chip innovador pero que no logró la tracción comercial esperada. La empresa estuvo al borde de la quiebra en sus primeros años, sin embargo, Huang se rehusó a abandonar el proyecto y recondujo la estrategia con firmeza.
Año bisagra en la historia de NVIDIA y de la computación mundial. La compañía presentó la GeForce 256, la primera unidad de procesamiento gráfico (GPU) de la historia, un chip revolucionario que modificó para siempre la manera en la que las computadoras generan imágenes y procesan información visual. El mercado de los videojuegos se potenció exponencialmente gracias a este invento.
Ese mismo año, NVIDIA salió a cotizar en la bolsa de valores Nasdaq. Cuando la acción alcanzó los cien dólares por unidad, Huang celebró de una manera poco convencional: se tatuó el logotipo de la empresa en el hombro izquierdo. Confesó posteriormente que lloró como un niño durante la sesión de tatuaje y que difícilmente repetiría la experiencia.
Presentó CUDA, una plataforma que permitió a los desarrolladores, científicos e investigadores utilizar las GPU de NVIDIA para tareas de procesamiento más allá de los gráficos. Fue una apuesta arriesgada y absolutamente incomprendida en su momento: el costo de los chips se duplicó, los ingresos no se movieron y la valoración de la empresa cayó de aproximadamente 12.000 millones a apenas 2.000 o 3.000 millones de dólares.
CUDA se convirtió, con el transcurso de los años, en el cimiento fundamental sobre el cual se edificó la revolución de la inteligencia artificial. Sin esa decisión visionaria y audaz, el aprendizaje profundo y los modelos de lenguaje que hoy transforman el mundo no habrían sido posibles tal como los conocemos.
Junto a su esposa Lori estableció la Fundación Jen-Hsun y Lori Huang, con una donación inicial de acciones de NVIDIA valoradas en 300 millones de dólares. La fundación concentra sus esfuerzos en la educación superior, las iniciativas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, la salud pública y el desarrollo comunitario.
Un grupo de investigadores utilizó las GPU de NVIDIA para potenciar AlexNet, una red neuronal que marcó el nacimiento de la era moderna del aprendizaje profundo. Aquel hito demostró que las redes neuronales podían superar ampliamente a otros métodos en la clasificación de imágenes y catapultó a la empresa hacia el centro de la revolución de la inteligencia artificial.
Entregó personalmente el primer supercomputador DGX-1 de NVIDIA a la incipiente organización OpenAI, que por entonces funcionaba en una pequeña oficina en San Francisco con un puñado de investigadores. Lo cargó en su propio automóvil y lo condujo hasta allí. Aquella máquina contribuyó al desarrollo de las tecnologías que años más tarde harían posible ChatGPT y el estallido de la inteligencia artificial generativa.
La revista Fortune lo distinguió como Empresario del Año. Para ese entonces, NVIDIA ya había consolidado su posición dominante en el mercado de las GPU y expandía su presencia en los campos de la inteligencia artificial, la conducción autónoma de vehículos y la computación de alto rendimiento.
La Harvard Business Review lo ubicó en el primer puesto de su ranking de los directores ejecutivos con mejor desempeño del mundo. Ese mismo año, donó dos millones de dólares al Instituto Bautista de Oneida, la escuela de reforma en Kentucky donde había vivido de niño, para financiar la construcción de un edificio que lleva su nombre y que alberga un dormitorio y aulas para estudiantes mujeres.
Junto a su esposa donaron 50 millones de dólares a la Universidad Estatal de Oregón, su alma máter, para la creación del Complejo de Innovación Colaborativa Jen-Hsun y Lori Huang, un centro de investigación dedicado a la inteligencia artificial, la ciencia de materiales y la robótica. También destinaron 30 millones de dólares a la Universidad de Stanford para apoyar el Centro de Ingeniería que lleva su nombre.
El precio de las acciones de NVIDIA comenzó a dispararse a finales de este año, impulsado por la explosión de la inteligencia artificial y la masificación de herramientas como ChatGPT, que funcionan sobre la tecnología de sus chips.
NVIDIA superó a Microsoft y Apple para convertirse en la empresa más valiosa del mundo por capitalización de mercado, alcanzando los 3,3 billones de dólares. La participación de Huang, equivalente al 3,6 por ciento de las acciones, lo posicionó entre las diez personas más ricas del planeta.
La compañía realizó su sexto desdoblamiento accionario, convirtiendo cada acción existente en diez. Quien hubiese invertido 10.000 dólares en NVIDIA al momento de su salida a bolsa en 1999, habría acumulado una fortuna superior a los 33 millones de dólares.
NVIDIA alcanzó una capitalización de mercado de 5 billones de dólares, convirtiéndose en la primera empresa de la historia en lograr semejante marca. Una cifra que supera el producto bruto interno de la inmensa mayoría de los países del mundo. La compañía controla más del 90 por ciento del mercado de GPU de alta gama, lo que la posiciona como un proveedor absolutamente indispensable para cualquier empresa que aspire a desarrollar inteligencia artificial.
Los ingresos del año fiscal que finalizó en enero de 2025 totalizaron la cifra récord de 130.000 millones de dólares, un crecimiento del 114 por ciento respecto del año anterior. Las ganancias netas superaron los 72.000 millones de dólares.
La revista Time lo incluyó como uno de los arquitectos de la inteligencia artificial en su edición de Persona del Año. En la conferencia anual de tecnología de NVIDIA, presentó la siguiente generación de chips para inteligencia artificial: Blackwell Ultra y Vera Rubin, diseñados para impulsar una nueva etapa de computación capaz de razonamiento autónomo.
Su estilo de liderazgo se caracteriza por la cercanía y la horizontalidad: no posee escritorio propio ni oficina privada, sino que recorre los pasillos de la empresa trabajando en cualquier sala de reuniones que encuentre disponible. Gestiona la compañía con una estructura inusualmente plana para una organización de más de 32.000 empleados, con aproximadamente sesenta personas que le reportan directamente.
A sus 62 años, enfundado en su inseparable campera de cuero negra, que según él mismo confiesa eligen su esposa y su hija, Jensen Huang continúa al frente de la empresa que fundó hace más de tres décadas con la misma determinación y hambre de innovación con la que aquel niño taiwanés de nueve años enfrentó la dureza de una escuela de reforma en las montañas de Kentucky.
